
Y le ofrecieron una bandeja llena de piedras preciosas de todo tipo,
deslumbrantes, alucinantes.
Y le dijeron.: «¡ Tómalas, son todas tuyas !»
Y él las miró, las admiró, se maravilló con ellas, y se quedó inmóvil.
Y después de un lapso, como si reaccionara desde un sueño, estiró su mano, y
muy lentamente la dirigió a un costado de la bandeja, y tomó una pequeña
esmeralda de un verde refulgente y muy brillante, y dijo:
«¡ Muchas gracias, me siento honrado !.»
Y le dijeron:
«¡ Pero cómo, si todo esto es para tí, son todas tuyas !».
Él entonces respondió:
«No, esta pequeña y maravillosa gema me basta… Gracias»
Y se retiró mirando al suelo…
Una vez afuera respiró profundo y miró al cielo.
Entre sus dedos llevaba la preciosa piedra.