
He pasado unos días difíciles. Perdí a una amiga muy querida, alguien que luchó toda su vida contra su propia salud con una fuerza que pocas veces he visto de cerca. Su partida me dejó un vacío que todavía estoy aprendiendo a nombrar.
A eso se suma un momento muy duro por otra razón: he tomado una decisión que cambia mi vida por un tiempo de forma radical y sostener, esta decisión en el día a día no está siendo fácil.
Y viviendo todo esto, apareció un texto que necesitaba leer.
A veces son solo palabras que llegan en el momento justo, sin que las busques. Y si tienes la lucidez —o quizás solo el cansancio necesario— para detenerte y dejarlas entrar, descubres algo nuevo en ti que no sabías que estaba ahí.
Eso me pasó con esto que comparto hoy.
Ruego poder seguir fuerte, alegre, con esperanza. No es fácil. Pero se puede, sobre todo cuando encuentras ideas como esta, que te recuerdan que la paz no siempre está donde la buscas.
La ATARAXIA es un término filosófico griego que significa «imperturbabilidad» o «tranquilidad del alma».
Se trata de un estado de serenidad mental y paz interior, libre de ansiedad y perturbaciones emocionales, muy valorado en filosofías como el epicureísmo y el estoicismo.
En la práctica, es el estado de calma que aparece cuando dejas de luchar con aquello que no puedes controlar.
No significa que nada te importe.
Significa que ya no permites que todo altere tu paz.
A veces, estar bien no comienza cuando encuentras todas las respuestas.
Comienza cuando dejas de perseguirlas.
En esencia, la ataraxia es el arte de la aceptación radical: el equilibrio donde la mente descansa y el alma, por fin, se aquieta.
Yo llegué a estas palabras cuando más las necesitaba. Quizá alguien más también las encuentre a tiempo.»