¿Hasta cuándo te recordaré
a cada paso que doy?
¿No crees que ya es tiempo del olvido?
Aléjate de mi mente. Muere.
No quiero asesinarte,
pero de locura estoy viviendo y muriendo.
Eres tan dulce recuerdo
que alegras hasta los velorios mentales
del ayer.
Espero asesinarte después del té;
allí estaremos los dos,
presentes como siempre.
Sin ti no vivo y sin ti me muero.
Llegaste a ser el pan de cada día.
¿Estás listo para morir? Pues
yo ya estoy listo para vivir.
No te lloraré en tu funeral;
creo que sólo risas podría regalarte.