
Cuando alguien muere, es uno de los momentos más oportuno que nos da la vida para aprender a ser honestamente generosos.
Es cuando tenemos la verdadera oportunidad de aprender a hacerlo, ya que nuestra naturaleza física y psicológica nos impulsa a sufrir, porque sentimos el dolor de la partida en su máxima expresión.
Pero, a la vez, es el momento en que debemos entregar el máximo amor a quienes se van, hacen su viaje más fácil, sin que nuestras lágrimas los aten a esta tierra.
Es el momento en el cual, si realmente los quisimos, debemos dejarlos partir con paz y tranquilidad, y permitir que sus espíritus no se preocupen por nuestro sufrimiento, ellos saben que los seguimos queriendo.
Sí, sufrimos, pero tenemos que crecer y aprender. De lo contrario, su partida no será tan beneficiosa para nuestras vidas.
Ya sus vidas nos enriquecieron, nos brindaron felicidad, compañía, generosidad y mucho más. Es el momento de demostrarles que hemos aprendido de su paso por nuestras vidas.
Porque al final, independientemente de la religión que tengamos, estamos seguros de que en algún momento volveremos a estar juntos.
La energía nos unirá