
Cada vez que miro, encuentro una mirada que me habla de recuerdos.
Hace tanto tiempo que espero, que ya he olvidado qué.
Por segundos creo que encuentro algo, y cuando estiro mi mano para tomarlo, las imágenes desaparecen y se pierden en una especie de bruma que siempre las rodea.
Cuando era pequeña, llamaba a la bruma «magia». Era esa magia que borra los contornos, que nos muestra que la vida es feliz, que los sueños son realizables, que los sentimientos son duraderos y casi eternos.
Luego, vamos tomando conciencia de la bruma… esa bruma… mi bruma.
¿Cómo poder mostrarte lo que yo veo? Que puedas percibir el mundo a través de mis ojos. Te regalaría mi tacto, mi olfato… tengo tantas ganas de que me conozcas.
Recordando a Arteche
“Hay hombres que nunca partirán, y se les ve en los ojos,
pues uno recuerda sus ojos muchos años después de que han partido.”