Los capricornio de mi vida

Los Relatos de Carlota

Tengo que reconocer que durante toda mi juventud leía los horóscopos que aparecían en revistas y periódicos.
Luego traté de profundizar en el tema y me compré la biblia de esa época: “Los signos del zodiaco y su carácter”, de Linda Goodman.
Allí aprendí algunas cosas que, a través del tiempo, me han dado temas de conversación, uno que otro ligue rápido —solo por el hecho de haber llamado la atención de un pisciano navegando en las profundidades— y hasta un intenso, emocional y acosador Escorpión.

Hace tiempo que dejé todo esto de lado, pero hay algo que cada año me hace volver a mirar el calendario de mi agenda: entre mediados de diciembre y mediados de enero todo está lleno de color amarillo, el color con el que marco los cumpleaños.

¡Veinticuatro cumpleaños en este signo!
Algunos días incluso con tres cumpleañeros, todos importantes, todos queridos y recordados.
Otros casi pegados al 22 de diciembre o al 20 de enero, dependiendo de la latitud donde nacieron.
En fin, algo significa.

Algunos los he perdido en el camino, ya sea porque partieron de este plano astral o simplemente porque la vida nos llevó por rutas diferentes… cuando la brújula marca un norte distinto y decides seguir buscando tu propio rumbo por la ruta larga.

Otros, que dabas por perdidos, reaparecen en tu camino de maneras misteriosas y casi mágicas. Y te alegras, porque sin saberlo los extrañabas; sin saberlo, los necesitabas.
Y descubres eso solamente cuando vuelves a ver sus caras. 

Agradeces a la vida por volver a tenerlos… o por no haberlos perdido nunca.

A todos los Capricornio de mi vida: gracias