
Hace un par de días, tu vida cambió.
Pasaste de ser un cura jesuita, reconocido en tu lejano país, a convertirte en el sucesor de Pedro.
Pero algo en ti nos dice, a muchos, que también algo cambiará en nosotros.
Tus gestos simples, tu humor, tu cruz, tus zapatos…
Gracias por devolverme la esperanza, gracias por devolvernos la fe, gracias por recordarnos el origen de lo que realmente debe ser.
Espero que los pasos de tus zapatos negros marquen la huella de un nuevo caminar para la Iglesia.